LosInicios

Allá por el final del siglo XX, coincidimos Antonio Javier y yo, en un pueblecito entre Villena y Pinoso y fuimos presentados por una amiga común, que también se dedicaba a la hostelería.

Ambos habíamos tenido incursiones en el sector desde jóvenes, pero no habíamos encontrado la persona idónea para lanzarnos a emprender nuestro sueño de montar un restaurante tal como nosotros imaginábamos, selecto, donde primara la calidad, el servicio y el buen hacer.

Esto fué por Noviembre de 1999, y en Mayo del 2000 ya estábamos manos a la obra, pero literalmente como suena, mano a mano con los albañiles, quita este tabique de aquí, coloca esa fuente allá, más masa para el alicatado…

Y por fín llegó el gran día: 10 de Agosto del 2000, todo nervios, ultimando los detalles finales, que si quitando etiquetas a los manteles, colocando ese perchero allí, moviendo esa mesa de lugar que no me gusta aquí, el embutido, el vino para los invitados…. ¡¡¡ufff…!!!


A las nueve en punto se abrieron las puertas y empezaron a llegar caras conocidas, y disfrutamos, vaya que si disfrutamos, de una agradable velada hasta bien pasada la medianoche.

Antonio Javier, mi socio, compañero de trabajo, colega y cocinero, proviene de una familia muy querida en la vecina localidad de Pinoso “El Pinós com diuen allí” , nieto de María “La Grande”, comenzó a andar entre fogones enganchado a las faldas de su abuela, amasando el pan, cortando los tomates para ponerlos a secar al sol, y aprendiendo la cocina tradicional de pueblo guiado por una sabia y paciente maestra, que supo transmitirle el cariño por las cosas bien echas, utilizando los productos que le ofrece la tierra y cocinándolos a fuego lento, que es como mejor sabe un buen guiso.

Con decisión y con la ayuda de los compañeros de trabajo que a lo largo de estos nueve años de singladura, han dejado una huella imborrable en esta casa, y obligado por la falta de recursos humanos en esos momentos, tomó la valiente decisión de ponerse al frente de la cocina del restaurante en el año 2005 y desde entonces hasta ahora, sigue acumulando halagos de nuestros clientes, ¡¡ que digo clientes !! ellos son ya nuestros amigos, alabando su entrega, buen hacer , capacidad de innovación y el cariño, sobre todo el cariño, que es el ingrediente principal de todos sus platos.

Su continua experimentación en la cocina, seleccionando las materias primas autóctonas de calidad, ensamblando sabores, texturas y colores, han consolidado su personalidad autodidacta, reforzada con cursos organizados tanto por el CDT , como por la Asociación Provincial de Hostelería de Alicante, a los que asiste cuando el trabajo se lo permite.


Ahora me toca a mí; me llamo Pepi, cuando conocí a Antonio Javier, alternaba el trabajo como contable en un concesionario de vehículos entre semana, y los fines de semana servía bodas en un catering, integrada en un grupo de camareros donde dominaba la armonía y el compañerismo.¡ Qué tiempos aquellos!…

Cuando inauguramos el restaurante me sentí la mujer más afortunada del mundo, primero por haberle conocido, y luego por poder desarrollar los dos trabajos que me apasionaban , la sala y la administración.

Recuerdo que los comienzos fueron duros, durísimos, empeñados hasta el cuello, la clientela que no terminaba de afianzarse, desconfiaban de dos jóvenes que apostaban por crear algo que no tenía precedentes en la localidad : salones privados, arroces , …


Poquito a poco, fuimos cogiendo el hilo del negocio, superando todos los avatares que encontrábamos en el camino y luchando contra viento y marea, primero todos los papeleos necesarios para la apertura, luego el personal, la selección de proveedores, la carta de vinos, y últimamente con el APPCC.

Lo que hemos aprendido con nuestra corta experiencia es que cuando solucionas un problema ya tienes otro en la puerta por lo que hay que afrontarlos uno a uno, sin prisa pero sin pausa, como reza el refrán.

En estos nueve años, hemos seguido un camino de mejora en todos los aspectos relacionados con nuestro trabajo asistiendo a catas, cursos, intercambiando opiniones con muchos colegas de la profesión, mejorando las instalaciones de nuestro restaurante para deleite de nuestra apreciada clientela y cuidando los detalles, esos pequeños detalles que a simple vista no se aprecian, sino que hay que pararse, relajarse, dejarse llevar y luego te das cuenta de que ahí, en ese rincón ha aparecido un nido que cuando chascas los dedos te deleita con un piar de pájaros.

Hoy, justo nueve años después, seguimos desempeñando nuestras funciones con la misma ilusión con la que empezamos pero ayudados, y de que manera, por la experiencia adquirida en los lances que hemos tenido que lidiar día tras día.

Mañana mismo, empezaremos a pensar en el X aniversario que ha de venir, intentando mejorar en todo lo posible, conservando intacta nuestra entereza, voluntad y, sobre todo…

¡¡NUESTA ILUSIÓN!!


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